Beatles, 50 años del concierto en Barcelona.

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Fans del grupo recuerdan en la Monumental la mítica noche | “Sus discos llegaban a Andorra tres meses antes por aquella estúpida censura…” | “Al acabar el concierto un policía me dijo: muchacho, vete a casa que va a haber jaleo”

Beatles, 50 años del concierto en Barcelona.
The Beatles, a su llegada a El Prat, el 3 de julio de 1965.

No se creen que hayan pasado cincuenta años. En medio siglo sus vidas han coleccionado cosas hermosas y momentos duros. Pero en su memoria sigue intacto el recuerdo de aquel concierto del 3 de julio de 1965. La Vanguardia les ha reunido allí, en la plaza de toros, la Monumental, en el mismo lugar donde todo ocurrió. “Allí, yo estaba allí”.

Eran apenas unos chavales, querían comerse el mundo y llegaron para escuchar al grupo musical de moda, “la revolución, era nuestra pequeña revolución de una España gris”. De teloneros, los Sirex. “Gracias a mi padre, que me acompañó, viví esa experiencia única. ¡Hoy tengo 65 años y no he olvidado aquella noche!, explica Montserrat Vilaplana. Viuda jubilada, coleccionista de conciertos de Paul McCartney, ha dedicado su vida al comercio. Mira a lo lejos: “Allí estaba yo”.

Marc Forné era estudiante de Derecho, tenía 19 años y aquel verano decidió coger un tren en Comarruga, “tan lleno como van ahora” para ir a ver luego a los Beatles con Josep Sala. “Llegando a la Monumental vimos siluetas de grises sobre sus caballos como si temieran una manifestación antifranquista”.

A veces, la memoria les traiciona, pero da igual. Marc recuerda que el sonido no era nada fuerte. Se sentaron en las graderías de los de entradas a 150 pesetas, a la derecha. La plaza no se llenó. Cantaron todas las piezas del disco With the Beatles que se vendía con pasión por aquellas fechas. Pero empezaron con un Twist and shout frenético, claro. “Recuerdo que nosotros ya habíamos oído Yesterday y comprado el disco, que a Andorra llegaba unos tres meses antes que a España por aquella estúpida censura de la época pero, obviamente, no la interpretó Paul. Si la hubiera tocado con una guitarra, como ha hecho después, tal vez ni la habríamos podido oír”. Los fans más irreductibles ya habían estado en el estreno de A Hard day’s night en el desaparecido cine Femina. “Igual que ocurriría en la Monumental -añade Marc- había un grupito de energúmenos que se reían de las chicas que gritaban desaforadas”

Luis Fernando Guerrero tenía 17 años y había estado trabajando para reunir el dinero de la entrada. Venían de Mataró, por el camino se cruzaron con otros jóvenes que iban a lo mismo. “Salieron los montadores del equipo de sonido de los Beatles. Me impresionó ver cómo arrastraban unas cadenas que sujetaban la batería plateada de Ringo por la tarima del escenario. ¡Qué grande me parecía entonces!”. A Luís le quedó en la retina John con su sombrero cordobés.

Pervive entre este grupo la idea de lo increíble. De una noche distinta entre la mediocridad de un país. “A veces creo que fue un sueño -recuerda Juan Brunet- algo de aire fresco. Estábamos en la plaza como en otra galaxia”. Lo mismo le ocurre a Thomas Hertel: “yo era un chaval de sólo 17 años, estaba muy emocionado porque The Beatles eran mis ídolos”. “La música de los Beatles tenía esa propiedad: electrizaba”, señala Laureano Ramírez. Tanta cola ha llevado que se han organizado exposiciones y hasta un curso universitario para conmemorar el histórico concierto. Esta misma noche estarán The Bootleg Beatles en el Sant Jordi Club.

Muchos no tenían ni idea de inglés pero, milagrosamente, parecía que entendían el contenido de las canciones. El padre de Jordi Turu Munill llegó a casa con dos entradas de 75 pesetas para ver a esos chicos “que lo transformaron todo: pensamientos, música, peinados. Te contagiabas. Yo no entendía mucho de inglés, tenía 17 años, pero les acompañaba con el “ye, ye, yeee….” Algunos han seguido tocando esas melodías con sus guitarras.

Los más pequeños, emulando a sus hermanos mayores, querían acudir a una cita que aun no podían digerir, ni ideológica ni musicalmente. “Por aquel entonces yo tenía una idea muy vaga de quienes eran los Beatles -reconoce Pepita Alforcea- y sólo he podido valorarlo después”. Antonio Prieto tenía 11 años, “se me hizo una eternidad ver actuar a un montón de gente antes de ver a los Beatles. También recuerdo que, al salir de la plaza, una chica que se había desmayado”.

Cristina Balcázar era una niña de 12 años, “lo esperaba con tanta ilusión que lloré y me puse histérica durante toda la actuación”. Álex Muñoz, otro tanto. Tenía 16 años y le costó convencer a sus padres. Como no había tocadiscos en casa escuchaba a los Beatles en los autos de choque de las ferias, con el volumen a tope, y durante años llevó anillos en todos los dedos de una mano, al estilo Ringo. Diseñador gráfico y fotógrafo, recuerda que, a la salida del concierto, un policía de mediana edad se le acercó: “Me dijo: ‘muchacho, vete a casa porque va a haber jaleo. Me fuí tatareando Can’t buy me love…”.

Pero si hay un “enfermo de Beatles” -como él asume- este es Enrique Flores Escriche. “Me faltaban veinte días para cumplir catorce años. Tan nerviosos estaban que, en lugar de ir a la Monumental, el taxista los llevó a las Arenas. “Los teloneros no estuvieron a la altura, el pobre Michel se llevó bastantes abucheos”.

Cita el resto: Trinidad Steel Band, que usaron bidones de petróleo como instrumentos de percusión, The Beat Chics, Los Sirex, Fab Four… La presentación de Torrebruno. Y por fin llegó la hora. “Recuerdo ese pellizco en el estómago y ese subidón al verlos. El concierto de los Beatles, en sí, tan solo duró una media hora, pero suficiente para que calaran dentro de mi para siempre”.

Tuvo la gran suerte, explica Enrique, de compartir esa cita “con mi hermana Loli, a la que 16 meses más tarde perdíamos. Estaba enferma. Pero nadie nos podrá arrebatar jamás el sueño que vivimos”. Enrique lleva la imagen de los Beatles tatuada en los brazos. La habitación de este tapicero jubilado, nos cuenta su hija, es un “museo de Beatles”. “Son los únicos que nunca me han dado un disgusto”, apostilla.

Fuente: Lavanguardia.com

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