Gracias a Los Beatles descifran el efecto que tiene la música en nuestros cerebros.

Gracias a Los Beatles descifran el efecto que tiene la música en nuestros cerebros.

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Un científico estadounidense, fanático de la banda británica, encontró que la explicación de por qué recordamos nuestras canciones favoritas está en la parte del cerebro que nos hace caminar.

Gracias a Los Beatles descifran el efecto que tiene la música en nuestros cerebros.

Hay canciones que uno se sabe de memoria. No solo la letra, sino también la melodía, los solos de guitarra, los bajos e incluso el momento exacto en que suena un golpe de platillo en la batería. Esto, pensaría la mayoría, tiene que ver con la memoria, pero el culpable de que nos aprendamos una canción o un disco completo se encuentra en un lugar insospechado del cerebro.

Cuando escuchamos una nueva canción -y nos gusta-, la terminamos recordando gracias a la misma parte del cerebro que nos hace caminar. Esta fue la conclusión a la que llegó un grupo de investigadores de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, en un encuentro de neurociencia en Nueva Orleans. Los resultados sugieren que el cerebro tiene un sistema altamente especializado para recordar secuencias de información, no importa si son palabras, eventos o, en este caso, canciones.

“Este descubrimiento no habría sido posible sin la contribución de los Beatles”, dice Josef Rauschecker de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, pues cuando joven, el profesor estaba obsesionado con los “Fab Four”. “Ellos eran la banda más popular del momento y los escuchaba mientras estudiaba”, cuenta. “Mi mamá me recomendaba que no lo hiciera mientras leía porque no podría concentrarme”.

Pero Rauschecker la ignoró y siguió escuchando al cuarteto de Liverpool de manera casi obsesiva. Discos como Rubber Soul (1965), Revolver (1966) o el Álbum Blanco (1968) se convirtieron en parte de su vida adolescente y el recuerdo de cuál canción seguía después de otra –y en qué orden- nunca se fue. “Años después, reproduje uno de esos viejos vinilos y me sorprendí porque, a pesar de tanto tiempo, apenas terminaba una canción terminaba cantando la siguiente”, cuenta, “es como si todo estuviese guardado en el cerebro como una especie de cuento”.
Rauscheker, quien para ese momento ya era científico en Georgetown, se quedó pensando cuál sería esa parte del cerebro que le permitía saber cuál canción de los Beatles seguía, y también recordar cuándo comenzaban los bajos de McCartney en “Taxman” o el momento exacto en el que Ringo golpeaba los platillos en “Drive My Car”. “Lo curioso es que si me preguntan hoy qué canción viene después de “Michelle” o cualquier otra no sabría decirlo”, cuenta. Esto en pocas palabras, significa que este conocimiento no es algo que uno memorice, sino que depende de cómo las melodías activan esa parte del cerebro que permite recordar el orden. “Al escuchar, inmediatamente empiezas a cantar o a tararear la siguiente”, explica.

Por esta razón, el grupo de investigación de Rauschecker realizó un experimento con algunos voluntarios, a quienes les escanearon el cerebro mientras escuchaban su álbum favorito. Allí, los científicos detectarían qué estaba pasando con sus cerebros mientras sonaban sus canciones preferidas.

Luego del experimento, los investigadores encontraron que efectivamente había una actividad cerebral distintiva al terminar cada canción. Pero esa actividad no se encontraba en la parte en donde pensaban. “Uno pensaría que la parte del cerebro que controla el sistema auditivo sería la más estimulada con la música”, cuenta, “Pero no, lo más sorprendente es que era el área motora, la que controla los músculos”.
Entonces, ¿por qué la parte que controla funciones como las de moverse o caminar es la que recuerda la música?

Para encontrarlo, Rauschecker y uno de sus estudiantes, Brannon Green, hicieron otro experimento, para ver qué estaba pasando exactamente mientras el cerebro aprende una nueva secuencia musical.

El experimento, demostró que las áreas motoras se activaron cuando las personas escucharon algo nuevo . Sin embargo, estas mismas áreas permanecían inmóviles cuando las personas escuchan canciones conocidas.

“A medida que el cerebro procesa una secuencia conocida, las áreas motoras se activaron cada vez menos “, explica Green. Pero por otro lado, la secuencia, al hacerse más familiar, comienza a estimular el área que controla la audición.

Todo esto sugiere que las áreas involucradas en la audición pueden recordar pequeños fragmentos de las notas musicales, pero se necesita al sistema motor para organizar estos segmentos, explica Rauschecker. Y además dice que tiene sentido que sea el área motora del cerebro la encargada de las funciones secuenciales.

“Tiene sentido porque eso es lo que hace el sistema motor cuando se sigue una secuencia de baile o practicar algún deporte”, dice. “Cuando uno activa los músculos para estas actividades, suelen trabajar en una secuencia particular, especialmente cuando se aprende algo nuevo”.

“Cuando un músico se traba tocando una melodía en el piano, el no la continúa donde la dejó”, cuenta. “Normalmente, el músico vuelve a cierta parte y empieza de nuevo, porque la secuencia debe, de alguna manera, ser tocada”.

 Fuente: Elespectador.com
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